Por qué no deberías superar la fobia social

por Ester Ciurana – Recibe mis nuevos posts gratis aquí

Se habla mucho de superar la fobia social, como un trastorno o anormalidad de la que te tienes que deshacer para poder encajar. No te digo que no cambies, al contrario. Sino que te planteo otro punto de vista en el que te aceptes para poder cambiar.

Hace 6 años un psiquiatra me dijo que tenía fobia social. Hace 4 decidí que ya estaba “curada”. Mi verdadero problema no era la “fobia”, si es que hay algo como tal (al fin y al cabo, es una etiqueta que le ponemos a una serie de síntomas que se parecen) sino, en mi caso concreto, evitar ciertas situaciones hasta tal punto de no poder hacer cosas que se consideran básicas para sobrevivir, como relacionarte con otros, ir a clase o conseguir un trabajo.

Así que dejé de estigmatizarme y busqué la manera de hacer todas las cosas que me aterraban. Hasta que se fue volviendo más fácil y acabé haciendo muchas más de las que me permitía antes. Eso no significa que ya no tengo fobia social. Sino que me importa una mierda si la tengo.

Actualmente, después de haber probado diferentes métodos y estudiado PNL, no necesitaría dos años de intentos por mi cuenta para conseguir los mismos resultados. Pero la clave para mí fue el darme cuenta de que declararme “sana” o “enferma”, “feliz” o “infeliz”, dependía, en última instancia, de mí. Lo que esas etiquetas significaban era una decisión en la que sólo yo tenía la última palabra y que hasta entonces le había estado cediendo ese poder a otros.

¿Dónde pones el foco?

Cuando tienes fobia social estás tan focalizado en tu problema que no tienes perspectiva. Pero como no tienes amigos que te saquen de ahí, que te ayuden a olvidarte de ti y tu situación por un segundo y coger fuerzas para afrontarla con una actitud más útil para ti, se convierte en un círculo vicioso. Cuanto más evitas a la gente, más piensas en ti y cuanto más piensas en ti y en lo mal que te va, más evitas a la gente.

Tener fobia social es una MIERDA. Es un agujero del que cuesta horrores salir. Y es más, no “se sale” de eso. Porque es el miedo lo que te domina. Y el miedo nunca se va. Y ahora dirás, pero Ester, entonces ¿qué coño hago? ¿Me estás intentando deprimir? Porque lo estás consiguiendo.

Entiéndeme. TODOS tenemos miedo. Cuando tienes fobia social, sientes que eres la única persona en el mundo sintiéndose así. Y es lógico. Puesto que no te relacionas con otros. No sabes como se sienten. Sabes cómo te sientes tú. Y supones que ellos lo tienen más fácil. Pero eso que creemos que nos aísla, es precisamente lo que nos une a los demás: tener miedo.

Llevas parte de razón en que no les es tan difícil como a ti acercarse a otros. Pero también tienen miedo. La única diferencia entre tú y ellos es que ellos han aprendido a gestionar su miedo. A actuar a pesar del miedo. Y tú puedes aprender a hacerlo también. De hecho, si alguien puede hacer algo, significa que tú también puedes aprender a hacerlo. Sólo necesitas saber cómo.

No es que sean seres superiores o algo así. Lo he pensado. Y todavía me siento rara en muchas situaciones sociales. Porque siempre he disfrutado haciendo actividades solitarias. Me siento a gusto así. No tiene nada de malo. De hecho, hay elogios a la introversión. Pero también me encanta poder hablar con alguien con quien tengo intereses comunes y salir de mi cueva de tanto en cuanto. Y, sobretodo, me encanta poder elegir.

Por dónde empezar

Uno no se cura del miedo. Ni es ese el objetivo. De hecho, párate a pensar lo que sería realmente “vivir sin miedo”. Es una frase muy repetida. Yo lo deseé durante mucho tiempo. Pero si suprimieras el miedo de tu vida, probablemente tendrías un problema más gordo que la fobia social.

El miedo está ahí para protegernos. Su objetivo es la supervivencia. ¿Quién le puede negar que es bastante útil? El problema es cuando nos empieza a impedir vivir como queremos. Cuando perdemos el control y nos convertimos en sus esclavos.

El miedo nos pone a prueba. Una y otra vez. Y nunca se va del todo. Por suerte.

Llega un momento en que incluso es un compañero de viaje agradable, un viejo conocido. Bueno, quizá lo agradable es más el hecho de saber que ya no tiene poder sobre ti, que tú tienes la última palabra sobre quién eres y lo que vas a hacer. Es cuando dejas de pedir permiso para ser quien eres o quien quieres ser. Es cuando la adrenalina que genera salir de tu zona de comfort empieza a ser más atractiva que quedarte en casa deprimido. Mi propuesta es que no se trata de superar la fobia social sino de pasar página y pensarla en otros términos, darle un nuevo significado que no acentúe el problema y haga que se vuelva contra ti. Por experiencia, incluso si la “superas” en esos términos, acabarás rechanzando una parte de ti que te seguirá doliendo y frenando por dentro.

Pero hay que ir paso a paso. Empezar por el principio. Si no haces las cosas en el orden adecuado, puede que acabes más traumatizado que antes. No, no te quiero asustar. Bueno, puede que un poco. Lo que quiero decir es que si llevas años sin ver la luz del sol, no te vayas a la playa en verano a las 12 del mediodía. Te vas a quemar. Y bien. Puede que acabes tan escaldado que luego te cueste mucho más volver a salir. Ves, el miedo tiene su razón de ser después de todo no?

Vale, entonces, ¿hay término medio entre el tono gamba requemado y el pálido cadáver? Eso creo. Te hablaré más de ello en los próximos posts. Pero, de momento, empieza poquito a poquito. Ve acostumbrándote a la temperatura. Y progresivamente podrás tomar más riesgos. Busca algo muy simple para empezar: “start small”. Crea un efecto dominó o bola de nieve. Busca la mínima acción viable que te permita empezar a moverte. Da un paso hacia adelante.

¿Cómo veías antes y cómo ves ahora, después de leer el artículo, superar la fobia social? Cuéntamelo en los comentarios.

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