El demonio del Marketing: ¿se puede vender sin vender?

por Ester Ciurana – Recibe mis nuevos posts gratis aquí

No creo que nadie tuviera más prejuicios de los que yo tuve en su momento, como licenciada en Filosofía, respecto al marketing.

Cuando acabé la carrera y empecé a buscar salidas laborales, vi que se empezaban a contratar en algunas partes como creativos a gente de Filosofía, para hacer trabajos de marketing. Mi primer pensamiento fue que esa gente se estaba vendiendo. Que eran unos TRAIDORES.

Pero como me dijo mi amigo, compañero de carrera y mi primer coach Aleix Mercadé cuando me encontré en una encrucijada profesional y personal: “al final tienes que aceptar que esas son las reglas del juego. Si no, vas a acabar trabajando en un McDonalds: ¿qué hay más capitalista que eso?”. Y tiene razón.

Lo curioso es como en este camino por conocer lo que había detrás de los blogs profesionales, he acabado desmitificando todas esas creencias e incluso apasionándome por algunos aspectos del marketing. Que tiene mil formas de hacerse pero en el fondo se basa en algo muy básico y completamente vital (imprescindible para sobrevivir, sobretodo en el mundo de hoy): la comunicación. Hacer llegar tu mensaje a las personas adecuadas.

Y cuando tu mensaje puede cambiar la vida de los otros a mejor, ¿qué hay de malo en hacer uso de esa poderosa herramienta? Aunque el medio en sí es un elemento de peso en el resultado, la diferencia vendrá de cómo la uses. Tendemos a juzgar muy rápido. Incluso cuando en Filosofía se avoga por abandonar los prejuicios, está llena de creencias popularmente aceptadas dentro de esa comunidad pero completamente inútiles en la mayor parte de contextos. Que mantienen a gran parte de sus adeptos incapaces de hacer ningún cambio real en el mundo. Ya que los limitan a no hacer uso de los medios de comunicación a su alcance.

Aunque estoy de acuerdo, que esto abre otro debate. Porque sí que todavía creo que, hoy en día, “el medio es el mensaje”. Y cuando haces uso de algunas herramientas: “o mueres como un heroe o vives lo suficiente como para verte convertido en un villano”. Por ello, es imprescindible tener una mente crítica y no perder de vista los límites de los argumentos que aceptas como válidos. Ya que, aquí entra uno de mis filósofos favoritos, Wittgenstein, y su idea de que podríamos llegar a justificar cualquier cosa racionalmente. Que, en última instancia, todo lo que aceptamos proviene de lo que nos creemos. Y lo que nos es útil en cada contexto (edad, época, amistades, pareja, familia, país, cultura…) para sobevivir.

Así que sí, el marketing es un demonio muy poderoso. Un arma de doble filo. La diferencia entre aprovecharte de las debilidades ajenas o entender sus problemas para solucionarlos mejor que nadie. Y no, no tiene nada de malo, escucharlo un poco. De vez en cuando. O mucho. Si no dejas que te posea del todo. La virtud está en la mesura. Aunque amo la desmesura. Pero aquí puedes encontrar tu propio balance. Puede que para ti mesura sea 5 días de trabajo intenso y 2 días de locura. O 8 horas de “buen” comportamiento y 1 de diablo. Gritar como un poseso durante un partido de futbol mientras te portas como un señor el resto de la semana. Puedes usar el 80/20 o cualquier otra regla que a ti TE FUNCIONE. Esa es la clave.

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